06 junio, 2018

Don Juan de Persia, un viajero del siglo XVII


La historia, especialmente la medieval, está llena de viajeros que recorrieron el mundo con un cuaderno bajo el brazo, observadores que fueron dejando constancia de aquello que veían para después transformar en libros sus impresiones, sus experiencias y sus memorias. Uno de los viajeros más conocidos de toda la historia es, por supuesto, Marco Polo, y en general tenemos un buen número de ejemplos de personajes que se desplazaron por todo lo largo y ancho del mundo conocido y que después convirtieron sus viajes en libros.
En concreto, uno de los recorridos más repetidos por los occidentales es el viaje hacia oriente, tanto próximo como lejano. Oriente siempre ha sido para Europa una fuente de exotismo, misterio, leyenda y extravagancia. Por ejemplo, Afanasy Nikitin, un viajero de origen ruso del siglo XV, contaba en sus relatos que en la India vivía un rey mono que tenía un ejército de primates a su servicio; y en las colecciones de información firmadas por John Mandeville, un personaje de carácter imaginario, se decía que en Oriente se habían visto ratones más grandes que perros, leones de color azul del tamaño de bueyes, personas con rabos de animales y una larga lista de criaturas fantásticas y maravillosas[1].  
¿Pero qué ocurriría si fuese al revés? En este artículo os vamos a contar la historia de un viajero que partió de oriente, desde el imperio persa de los Safavíes, para embarcarse en un viaje a lo largo y ancho de toda Europa que finalizó en España. A través de los ojos de don Juan de Persia se descubre la situación política y cultural de finales del siglo XVI y principios del XVII desde una perspectiva muy interesante, ya que no se trata de la visión occidental sobre oriente, sino al contrario: la percepción de occidente desde oriente y, después, la mezcla con las culturas del oeste.

Primera embajada de Shāh Abbās I a Europa. Carlo Caliari, 1595.
Palacio del Dogo, Venecia. 

 
Ulugh Begh, el protagonista
Juan de Persia es uno de los personajes más relevantes del panorama internacional desde el último tercio del siglo XVI y principios del XVII. Su verdadero nombre era Ulugh Begh, que en los textos puede encontrarse como “Uruch Bech” por una transcripción incorrecta de su nombre en castellano como ocurre con Ibn Sīnā y Avicena, y nació en 1560. Su padre, Sulṭān ‘Alī Begh, ocupaba un importante cargo militar, pero falleció en 1585 después de la fallida campaña contra Tabriz, que en aquel momento estaba bajo poder Otomano. A la muerte de su padre, Ulugh Begh asumió sus responsabilidades e inició una exitosa carrera política, convirtiéndose en alguien muy cercano al Shāh Abbās I el Grande, que subió al trono en 1588. Este monarca era el nieto del Shāh Ismā’īl I (1487-1524), fundador de la dinastía persa Safaví.
A pesar de que su obra Relaciones de don Juan de Persia es un documento imprescindible para comprender mejor la situación política y los contactos entre Europa e Irán en esta época, lo cierto es que el autor es bastante desconocido en Occidente.

Shāh Abbās I honrado como un nuevo César junto a su embajada persa.
Allégorie de l'Occasion, Frans II Francken, 1625.


Portugal, España y el Imperio Otomano
Desde el siglo XV Portugal había establecido relaciones con las potencias orientales en busca de una ruta comercial estable para sus barcos. Uno de los primeros contactos fue la llegada de Vasco de Gama (c. 1460-1524) a la India en 1498, que además de abrir una nueva vía de tránsito para los barcos portugueses posibilitó el contacto del reino luso con las monarquías islámicas, especialmente con Persia, que resultó estar geográficamente en medio de la ruta que los portugueses pretendían transitar. Para finales del siglo XVI Portugal ya contaba con una ruta sólida que recorría el este de África, el sur de la Península Arábiga y el Océano Índico. Para proteger los barcos y servir de puntos de avituallamiento se construyeron diferentes enclaves fortificados, y por este motivo Juan II de Portugal fue enviando diferentes embajadas a Persia, a la corte de los Safavíes. Sin embargo, no siempre la construcción de estas fortificaciones se llevó a cabo de forma pacífica. En 1507 Francisco de Almeida conquistó la isla de Ormuz y aquello generó varias tensiones que intentaron rebajarse con las embajadas de Miguel Ferreira (1513) y Fernão Gomes de Lemos (1515) a la corte de Ismā’īl I.
A lo largo de todo el siglo XVI las embajadas portuguesas continuaron su actividad en la corte Safaví, especialmente porque ambas potencias contaban con un enemigo común: el Imperio Otomano. La “amenaza turca” se extendía también por los mares y amenazaba tanto los enclaves comerciales de Portugal como algunos puntos estratégicos de Irán, como por ejemplo Tabriz, mencionado antes. De manera que la intención de ambas partes era contar con apoyos mutuos para mantener a los turcos a raya y, en el caso de los Safavíes, recuperar los territorios que estos les habían conquistado. En el caso de Persia, la situación desembocaría en lo que después se conocería como las Guerras Otomano-Safavíes, que se sucedieron en diferentes tandas —uno de los primeros conflictos fue la batalla de Chaldiran, que enfrentó a Selim I contra Ismā’īl I, y fue solo una pequeña parte de una guerra que continuaría hasta 1821, enfrentando a la dinastía Otomana con los Qājār.

Miniatura del  Süleyman-nāmah mostrando al
sultán Suleyman marchando con su ejército
hacia Nakhchivan durante las
guerras Otomano-Safavíes, 1554

Sin embargo, la situación política en la Península Ibérica cambió de repente con la subida al trono de Felipe II. En 1580 el monarca español anexionó Portugal a sus dominios y, con ella, todos los territorios y vías comerciales que se controlaban en Oriente. Los Otomanos eran una de las grandes preocupaciones de España, y por lo tanto su intención fue seguir manteniendo contacto con los Safavíes regularmente enviando embajadas a sus cortes. Desafortunadamente, ninguna de las dos que llegó a mandar tuvieron resultados satisfactorios —la primera terminó en un naufragio y la segunda no consiguió ningún acuerdo con los persas.
Una de las guerras Otomano-Safavíes se estaba librando justo en estos momentos, con el sultán Otomano Murad III y el recién coronado Shāh Abbās I. El resultado de esta contienda no fue en absoluto favorable para los persas, que tuvieron que ceder un importante número de sus tierras en la firma del Tratado de Constantinopla o la Paz de Estambul de 1590. Con la situación política y militar en su contra, Abbās I consideró importante recuperar sus contactos en Occidente para pedir soporte y ayuda contra los turcos. Y entonces aparecieron en la corte de Isfahán los hermanos Shirley.

Anthony Shirley y la embajada de Isfahán
En 1598-99 Anthony y Robert Shirley, dos hermanos de origen inglés, se presentaron ante el Shāh como parientes del rey de Escocia y servidores de la reina de Inglaterra. Sir Anthony Shirley ya tenía trayectoria en Europa como embajador y había trabajado para la corona británica en varias ocasiones. Uno de los motivos de su viaje a Persia era promocionar las relaciones comerciales de Inglaterra e Irán y, por otro lado, enfatizar la necesidad de una colaboración general de las potencias europeas y el Imperio Safaví contra los turcos.
La llegada de Shirley fue extremadamente conveniente para el Shāh, y rápidamente se organizó una embajada que tenía al frente al propio Robert Shirley y a Ḥusayn ‘Alī Begh. La comitiva visitaría ocho cortes distintas a lo largo de toda Europa —Rusia, Alemania, Roma, Inglaterra, Escocia, Polonia, Venecia, España y Portugal—, y un segundo embajador se envió por adelantado a Astrakán, en Rusia, que recibiría a Shirley y a ‘Alī Begh para dirigirse a Moscú y representar al monarca Safaví ante el zar Boris Godunof. Ulugh Begh, que en aquel momento tenía casi cuarenta años, fue nombrado primer secretario de esta embajada.
Por cierto, después de este largo viaje Shirley escribiría también su propio libro, titulado Sir Anthony Sherley: his Relation of his Travels into Persia. Se publicó en 1613 y el manuscrito original ahora se conserva en la Bodleian Library de Oxford, en Reino Unido.

Grabado de Anthony Shirley.
Aegidius Sadeler II, 1605


El viaje: de Isfahán a Valladolid
En julio de 1599 la embajada se puso en marcha rumbo a su primer destino: la corte del zar de Moscú. Después de algunos meses de viaje con ciertos problemas, el fundamental siendo la congelación del Volga, según las Relaciones de Juan de Persia la comitiva llegó a la capital en noviembre, donde pasaron el invierno. Después continuaron hacia Bohemia y se detuvieron en Praga, pero el recorrido fue distinto del esperado —mapa disponible un poco más adelante.
Se recomendó a la embajada tomar una ruta marítima en lugar de la terrestre habitual, probablemente por el cargamento pesado que transportaban con regalos y objetos para las diferentes cortes. Así que se dirigieron al puerto de Arcángel, al norte de Rusia, y desde allí emprendieron una travesía de varios meses hasta el puerto de Embdem, en el noroeste de Alemania. A partir de este momento la ruta se completó por vía terrestre y fluvial en algunas ocasiones, y finalmente en otoño de 1600 el emperador Rodolfo II recibió a los embajadores en Praga.
La primavera siguiente viajaron hasta Múnich, donde se entrevistaron con el Duque de Bavaria, Guillermo II el Pío —que, por cierto, había abdicado hacía muy poco tiempo. El viaje continuó hacia el sur, entrando en territorio italiano y deteniéndose en Mantua en la residencia del duque Vincenzo Gonzaga. Desde allí intentaron ponerse en contacto con el Dogo de Venecia para planear su futura visita, pero él se excusó diciendo que en aquel momento estaba hospedando una embajada Otomana, y recibir a los persas no hubiera sido en movimiento más inteligente. De manera que Begh y sus compañeros se dirigieron a Florencia. El duque Fernando de Medici estaba en Pisa cuando llegaron, así que la embajada se trasladó allí.

Mapa del viaje de Ulugh Begh relizado por L. G. Strange
en su edición inglesa del texto, 1925.

En el trayecto de Pisa a Roma fue cuando empezaron los problemas. Ḥusayn ‘Alī Begh, el líder de la expedición persa, y Anthony Shirley no se llevaban especialmente bien y durante el viaje tuvieron una violenta pelea porque el inglés acusaba al persa de haber robado y vendido por su cuenta algunos de los regalos que el Shāh Abbās había reservado especialmente para en Papa. Al final, Clemente VIII terminó recibiendo a los dos embajadores por separado, y finalmente Shirley abandonó la misión diplomática y partió a Venecia en solitario.
Después de pasar por Génova y Aviñón, la embajada persa —que ya contaba con algunos de sus miembros convertidos al cristianismo— llegó a España y se hospedó unos meses en la corte de Felipe III en Valladolid. Ḥusayn ‘Alī Begh consideró volver a casa, ya que había cumplido con la mitad de sus objetivos y no le pareció realista embarcarse en otros viajes para visitar Inglaterra, Escocia, Francia y Venecia, así que viajó hacia el sur y después al oeste, para dirigirse a Lisboa. Felipe III aportó una generosa suma de dinero para financiar el regreso. Pero una noche, mientras estaban en Mérida, uno de los miembros de la embajada fue apuñalado y asesinado. Después de presentar el caso frente al virrey de Portugal, ‘Alī Begh fue enviado de vuelta a Valladolid para entrevistarse directamente con el rey.
Finalmente, a principios de 1602, Ḥusayn ‘Alī Begh partía de Lisboa para seguir la ruta comercial portuguesa hasta la isla de Ormuz, a la que llegó probablemente en verano. Sin embargo, Ulugh Begh se quedó en España. Tanto él como su sobrino se habían convertido al cristianismo en Valladolid, siendo el principal patrocinador del viajero persa la propia reina, Margarita de Austria. Se le dio un nuevo nombre, don Juan de Persia, pero desgraciadamente su vida en España no duraría mucho. El 15 de mayo de 1605, cuando todavía residía en Valladolid, se vio envuelto en una trifulca con unos hombres y un alcalde de corte. Durante la pelea fue apuñalado varias veces y, finalmente, su cuerpo se echó a una zanja para que se lo comieran los perros y así ahorrarse las explicaciones.  

Grabado de Ḥusayn ‘Alī BeghAegidius Sadeler II, 1605


Las Relaciones de Don Juan de Persia
La obra de don Juan de Persia vio la luz de forma impresa en 1604, solo un poco antes que la primera edición de la primera parte de Don Quijote de la Mancha. El manuscrito surgió del diario de viajes que Begh fue escribiendo a lo largo de toda su epopeya europea y, una vez establecido en España, de su traducción y edición con la ayuda del licenciado Alfonso Remón, que explica en sus cartas cómo ambos trabajaron en el libro.
El primer capítulo parece haber sido obra completa de don Alfonso, ya que explica el júbilo de don Juan por haber abrazado la fe cristiana. Se compara el largo viaje de la embajada con los que Marco Polo realizó unos siglos antes, y el siguiente capítulo describe algunas provincias de Persia, pero la información parece haber sido sacada en gran parte de un tratado de geografía escrito por Giovanni Botero a finales del siglo XVI. Los episodios tres y cuatro son obra completa de don Juan y aportan descripciones muy interesantes sobre el modelo de gobierno de Shāh Abbās I y sobre las costumbres persas. Se mencionan bodas, celebraciones familiares, enterramientos y curiosidades sobre la vida militar. El resto del libro se divide entre la historia de todo su viaje y su recorrido por las cortes europeas, por un lado, y por otro, una extensa explicación de la historia del Islam y de las dinastía reinantes en Persia, haciendo especial hincapié en sus relaciones con los turcos y con los reinos cristianos.
A través de Ulugh/don Juan se nos descubre un mundo, no sin sus complicaciones, porque debemos recordar que Begh llegó a Valladolid sin hablar una palabra de español, y que la acción de don Alfonso Remón estuvo allí y modificó algunas de las impresiones que el embajador persa podía haber plasmado en su idioma natal.

Portada de la edición de 1604 de las Relaciones de don Juan de Persia

Las Relaciones son un documento inédito que nos muestra muchas cosas. Primero, da una visión menos romántica de Persia y más cercana a la realidad, ya que su autor conocía bien su tierra y a sus gentes. Gracias a ella podemos entender la percepción que se tenía del territorio iranio en la Edad Moderna, como también descubrir un poco mejor en qué consistían las misiones diplomáticas y cómo se organizaba el trabajo de las embajadas que constantemente se desplazaban de un punto a otro de la geografía mundial. Es interesante contar con fuentes de diferentes procedencias para reconstruir de forma más fiel un momento histórico, ya que confiar solamente en la visión de una de las partes a menudo conduce al error.


BIBLIOGRAFÍA

CUTILLAS Ferrer, José Francisco: “Las Relaciones de don Juan de Persia: una imagen exótica de Persia narrada por un musulmán shií convertido al cristianismo a principios del s. XVII”, Sharq al-Andalus 16/17, 2005, pp. 213-227.
GARCÍA BLANCO, Javier: “La odisea asiática de Juan de Persia”, Historia de Iberia Vieja, 22-07-2013, http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/personajes/odisea-asiatica-juan-persia
LE STRANGE, G. (trans.), Don Juan de Persia, a Shia Catholic, London, Harper & Brothers, 1925.
LOCKHART, Laurence and JACKSON, Peter: The Cambridge History of Iran, vol. 6, Cambridge, Cambridge University Press, 1986.
PODDAR, Prem: “From Uruch Beg to Don Juan de Persia”, Wasarifi, 16/34, 2008, pp. 5-9.




[1] Muchas gracias a Las Hojas del Bosque por proporcionarnos toda la información necesaria al respecto de los viajeros occidentales. Podéis visitar su blog aquí: http://lashojasdelbosque.blogspot.com/

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