12 febrero, 2018

La fabricación de papel en la Persia medieval

El papel se inventó en China alrededor de 105 AEC, ideado por un personaje llamado Ts’ai Lung, que era oficial de la corte según Adam Gacek, y los árabes lo conocieron durante la campaña militar cercana al río Talas. Después de la batalla de Aṭlakh (actualmente Kazajistán) en 751, algunos de los prisioneros resultaron ser fabricantes de papel, y como resultado el primer molino de papel se estableció en Samarcanda. Fue con el movimiento de las tropas árabes y sus conquistas cuando el paper se trajo a Oriente Próximo y a Europa. El libro más antiguo del que tenemos noticia se escribió en árabe ca. 866-867 y es una versión incompleta del trabajo sobre el Hadith de Abū ‘Ubayd (m. 837). Durante algún tiempo se creyó que el manuscrito islámico más antiguo era el Kitāb Ṣuwar al-kawākib al-thābitah o Libro de las Constelaciones de las Estrellas Fijas de ʿAbd al-Raḥmān al-Ṣūfī, datado según su colofón en 1009-1010, pero probablemente se hiciese al menos 150 años más tarde, para el tesoro de Sayf al-Dīn Ghāzī II, Zangid Emir de Mosul, una ciudad al norte de Iraq.

Or. 298, ff. 239b y 241b en Leiden University Library. Copia incompleta de Gharib al-Hadith, de Abū Ubayd

El papel jugó un papel destacado en el siglo XIII en Irán, ya que fue el soporte intermediario para trabajos en otros materiales. Aunque no deja de resultar sorprendente que, aunque llegó hacia el siglo VIII-IX, haya poca noticia de él en el mundo artístico en comparación con otros soportes como la cerámica, el metal o los textiles. Sin embargo, desde el siglo XIII en adelante y gracias a las mejoras en la producción, el papel se abarató y su uso aumentó. Por ejemplo, era el lugar perfecto para trabajar con diseños para proyectos arquitectónicos o decorativos, pero también para dibujos destinados a los azulejos o a los trabajos en metal. Uno de los ejemplos de este fenómeno son los dibujos que sabemos que utilizó el artista aydar (m. 1325-36) en sus proyectos. Uno de ellos fue una banda en el intradós del īwān norte de la mezquita de Natanz, y otro el mirāb del salón de oración de invierno de la mezquita del viernes en Isfahán.
Según Jonathan Bloom, esto explicaría el incremento en los parecidos entre los libros y las decoraciones arquitectónicas hacia el final del siglo XIII y especialmente en el XIV. El papel era un medio más ligero, más fácil de transportar y trasladar con los nuevos estilos, ideas y diseños que eran populares en algunos lugares, de manera que podían ser conocidos más rápidamente de una parte a otra. Esto generó mayor homogeneidad en las artes, debido a la facilidad para intercambiar ideas. La industria del papel también desarrolló nuevas formas de comercio y nuevos trabajos, así como un aumento de la especialización y una jerarquía de trabajo. Existían los productores, aquellos que fabricaban el papel, pero también estaban los mercaderes, que comerciaban con distintos tipos de productos, estilos, materiales y técnicas.

Mezquita del Viernes en Isfahán, Irán, 1397

Cuando nos aproximamos al estudio de la industria papelera en la Edad Media y a los primeros momentos de su desarrollo en el mundo islámico, es importante tener en cuenta que nuestro conocimiento está ampliamente basado en fuentes literarias. Desde materiales hasta procedimientos, son otros libros los que nos proporcionan la información en la que basamos nuestras hipótesis. Una de estas fuentes es ‘Umdat al-Kuttāb, atribuido a Ibn Bādīs (siglo XI), o Al-Mukhtara’ fi funūn min al-una’ de al-Malik al-Muaffar (siglo XIII). De ellos podemos extraer los materiales que se utilizaban en la producción de papel, siendo el más común el lino, los trapos, las cuerdas de cáñamo o las fibras de higuera en algunas ocasiones.
Para hacer la pulpa, las tiras de lino y las fibras de cáñamo eran lo más usado, aunque tenemos algunos ejemplos de algodón, pero era poco común. El primer paso era cortar las fibras para limpiarlas y suavizarlas muy cuidadosamente, y después se limpiaban. Luego se machacaban, de manera manual o mecánica en los molinos que normalmente utilizaban energía hidráulica; esta era la razón para ubicarlos cerca de los ríos. Además, el proceso de fabricación de papel requiere de enormes cantidades de agua. Cuando la mezcla alcanzaba la consistencia, textura y pureza requeridas, la pulpa se colocaba en los moldes rectangulares con hebras rectangulares que formarían las futuras hojas.
En Irán en la Edad Media, y también en la mayoría del mundo islámico, se utilizaban dos tipos de moldes. El molde flotante se colocaba dentro de un tanque poco profundo y después se rellenaba de pulpa. Esto permitía la producción de hojas más grandes. El molde sumergido se metía dentro del tanque ya lleno de pulpa, y era idóneo para producir un mayor número de hojas. Algunos papeles especiales, como los teñidos, se producían de dos maneras diferentes: o bien se metía la hoja en un baño de color, o bien se añadía colorante al molde. El color más popular era el amarillo azafrán, pero también el azul o el rojo. Según Bloom y Canby, cada color tenía su propio significado. A veces se salpicaba el papel con motas de oro para manuscritos extremadamente lujosos, pero esta práctica fue más común hacia los siglos XV y XVI.

Add Or Ms 1699: Una acuarela del siglo XIX de Kashmir muestra la preparación de la pulpa y el proceso de elaboración del papel. The British Library

La repentina explosión en la producción de papel aumentó de forma muy significativa la elaboración de libros ilustrados al final del siglo XII y XIII en Persia, y un acceso más fácil a las hojas de papel provocó la introducción de imágenes acompañando a los textos, empezando por frontispicios con títulos hasta el desarrollo de lo que actualmente conocemos como miniatura persa clásica. Mientras el papel se volvía más popular también lo hacía la cultura escrita, aunque las tradiciones orales nunca se abandonaron.


Bibliografía
Bloom, Jonathan M.: “The Introduction of Paper to the Islamic Lands and the Development of the Illustrated Manuscript”, Muqarnas, vol. 17, 2000, pp. 17-23.
Bloom, Jonathan M.: “Paper: The Transformative Medium in Ilkhanid Art and Architecture”, in Komaroff, Linda (ed.): Beyond the Legacy of Gengish Khan, Leiden, Boston, Brill, 2006, pp. 289-302.
Bloom, Jonathan and Blair, Sheila (eds.): Grove Encyclopaedia of Islamic Art & Architecture, Oxford, Oxford University Press, vol. 3, 2009.

Gacek, Adam: Arabic Manuscripts, A Vademecum for Readers, Leiden, Brill, 2009.

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