30 noviembre, 2015

El mudejarismo y sus debates, ss. XIX y XX (segunda parte)

[Para leer la primera parte, click aquí]


[Nota de la autora: este es un escrito realizado a partir de la comunicación ejecutada en el IV Congreso Internacional de Jóvenes Medievalistas de Cáceres, celebrado del 26 al 27 de noviembre de 2015]



Mudéjar, ¿un «estilo»?
Manuel de Assas escribía que se puede hablar de «arquitectura», pero no de «gusto», que en aquel momento es parejo al concepto de «estilo». Con este documento de Assas hay algunos problemas de datación, porque la que figura es 1857, es decir, antes del discurso de Amador de los Ríos, pero Urquízar, recogiendo a Gonzalo Borrás, afirma que es en realidad posterior.
Fernández Jiménez continúa el argumento historicista de De los Ríos, y con la etiqueta «arquitectura cristiano-mahometana» incluye tanto obras consideradas mudéjares como las consideradas mozárabes.
Pedro de Madrazo, que un año después del famoso discurso había admitido que este nuevo término tenía un mayor rigor histórico que el anterior usado, «mozárabe”, treinta años después descalifica cuanto argumento dio De los Ríos, en un artículo en La ilustración española y americana. No cree que el mudéjar sea un estilo, y explica que la premisa histórica de la que parte Amador de los Ríos de los mudéjares como autores no satisface los requisitos formales que supuestamente definen un estilo. Además, advierte que la gran variedad dentro del mismo mudéjar dificulta que se lo trate como estilo uniforme.

Pedro de Madrazo y Kuntz

Rodrigo Amador de los Ríos, hijo de José, insiste en sus Cartas al Dr. José Gestero en la idea de que el mudéjar se reviste solo de categoría de estilo.
Vicente Lampérez y Romea, eminencia dentro del campo historiográfico, admitía que, estilo o no, el mudéjar consistía en aquellas obras realizadas por musulmanes para los cristianos, o por cristianos aleccionados por alarifes musulmanes previamente.
La importancia de definir conceptualmente el mudéjar venía porque se lo consideraba «estilo nacional». Pero mientras que Lampérez pensaba que el nombre era lo de menos, no se debe olvidar la importante carga semántica e ideológica que contiene. Es inseparable de una reivindicación y redefinición nacionalista, que de manera interesada recogía la herencia artística islámica y judía, pero siempre amparada por un contexto cristiano.
Indispensable para comprenderlo este párrafo de Antonio Urquízar al respecto: Hasta cierto punto, la existencia de un “estilo mudéjar” vinculado al arte cristiano permitía hacer visible tanto el esplendor cultural producto de la hibridación, como la grandeza de los vencedores que habían acogido las manifestaciones más ricas de la civilización derrotada.

El siglo XX
El siglo XX se caracteriza por un aumento de las publicaciones al respecto del mudéjar, pero sin ser exactamente crítico con el concepto en sí. Se mantiene lo establecido en el siglo anterior sobre las características de este estilo, porque se le sigue considerando estilo, y podríamos decir que hay una simplificación en su debate, ya que Gotor y Torres Balbás escriben del mudéjar de un modo muy parecido al que previamente lo habían hecho la familia De los Ríos o Lampérez y Romea: que es un arte único y diferenciado del territorio peninsular, que aunque con decoración islámica fue levantado por alarifes musulmanes mudéjares o por cristianos previamente enseñados por estos primeros, que sus características fundamentales son el uso del ladrillo y la cerámica.
En 1973 Pedro Navascués se refiere a este estilo como «expresión castiza del historicismo», en el sentido de que fue bandera de una recuperación de identidad nacional y que los arquitectos de finales del XIX que la utilizaron pretendían reivindicar los valores previamente comentados. Y unos años más tarde, Gonzalo Borrás escribiría que desde luego es un sistema artístico diferenciado de los occidentales, que permitió la pervivencia de la herencia islámica.



El asunto parece quedar en un estado reposado, en el que no se discute sobre la autenticidad o validez del término «estilo» para definir el mudéjar, pero donde se lo sigue incluyendo en manuales de arte, catálogos o clases universitarias. Por ejemplo, una misma cursó en la Universidad de Granada una asignatura llamada así, Arte Mudéjar. Casi se podría afirmar que, aunque de manera no oficial, el mudéjar trascendió al mundo académico y al pensamiento generalizado de la población, tanto española como extranjera, como un estilo diferenciado dentro de la Historia del Arte español.

La reaparición del debate
Sin embargo, en la última década se ha retomado este debate inconcluso en la historiografía, volviendo a poner sobre la mesa la importancia de la definición de un nuevo «estilo» artístico, señalando las lagunas que mostraba desde el principio el discurso de Amador de los Ríos y que no fueron solucionadas. Así, el artículo «Neomudéjar versus neomusulmán: definición y concepción del medievalismo islámico en España» de José Manuel Rodríguez Domingo planteaba otra vez en qué medida el mudéjar contribuyó de manera encubierta a la aceptación del arte musulmán en territorio peninsular.
El profesor Juan Carlos Ruiz Souza es, tal vez, quien más crítico se ha mostrado con el mudejarismo en los últimos años del panorama histórico-artístico español. En 2009 se planteaba la necesidad de interrogarse sobre la viabilidad de utilizar la palabra «mudéjar», considerando que tuvo su validez en el pasado, pero que en pleno siglo XXI ya resultaba inútil conservarla. En 2012 remataba su teoría alegando que «mudéjar» había sido una invención española para gestar su propio discurso nacional e integrador, sin dejarse fuera al-Ándalus pero dentro de una óptica cristiana.
Como se ha comentado al inicio, esta presentación no tenía el objetivo de posicionarse a favor o en contra del mudejarismo, sino proporcionar una visión general (todo lo que permiten 20 minutos) al respecto de cómo se encuentra la situación en este momento. Probablemente se estén preguntando dónde se ubica la Edad Media en todo este discurso, ya que no parece haber tenido mucho peso a lo largo de la comunicación. Todo lo contrario; la Edad Media es, y aquí sí se traduce una opinión personal, la clave para llegar a una conclusión de carácter historiográfico. Los edificios, las fuentes que generaron todo este debate y que habían permanecido ocultos hasta que el siglo XIX y sus circunstancias los rescataron.


Ábside de la Mezquita del Cristo de la Luz, añadido del s. XII (Toledo)

Un debate histórico-artístico únicamente basado en la historiografía no llegará a puerto, y no estamos descubriendo nada nuevo con esto. Medievalistas especializados son necesarios para retomar este debate desde sus inicios reales, esto es, las construcciones de los siglos XII y XIII, no los discursos del siglo XIX.


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