29 noviembre, 2015

El mudejarismo y sus debates, ss. XIX y XX (primera parte)

[Nota de la autora: este es un escrito realizado a partir de la comunicación ejecutada en el IV Congreso Internacional de Jóvenes Medievalistas de Cáceres, celebrado del 26 al 27 de noviembre de 2015]




Buenas tardes a todos los asistentes, y muchas gracias por su presencia hoy aquí. No se puede empezar esta presentación sin un agradecimiento previo al comité organizador, que consideró esta propuesta lo suficientemente interesante como para ser incluida en este IV Congreso de Jóvenes Medievalistas de Cáceres.
Han pasado ciento cincuenta y seis años desde que José Amador de los Ríos pronunció su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y sin saberlo dio el pistoletazo de salida a un debate histórico-artístico que a día de hoy no se ha solucionado todavía. Nos referimos a la concepción de un nuevo estilo artístico, según De los Ríos propiamente hispano, como fue el llamado mudéjar. A partir de ahí, tanto partidarios como detractores han escrito sobre el tema a lo largo de los siglos XIX y XX, llegando hasta nuestros días.
La intención de esta comunicación no es posicionarse en uno u otro extremo, sino proporcionar a los asistentes una visión lo más clara posible del estado en que esta cuestión se encuentra, y la necesidad de volver a las fuentes originales que provocaron este fenómeno, es decir, los edificios con decoración islámica levantados en territorio conquistado por los monarcas cristianos.

Antecedentes: los estudios árabes
Resulta sorprendente que el interés por la arquitectura islámica naciera en países europeos como Inglaterra o Francia, antes que en España, lugar donde se tenía la fortuna de contar con monumentos medievales como la Alhambra de Granada, la mezquita de Córdoba o los Reales Alcázares de Sevilla. Aunque un poco más tarde que sus países vecinos, España acogió el nacimiento de los estudios árabes a partir de la década de 1750, con el cambio en la política norteafricana de Fernando VI y Carlos III y su necesidad de contratar a monjes maronitas como intérpretes y traductores que conociesen la lengua árabe.
Ya la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando había dado sus primeros pasos en los estudios de la arquitectura árabe durante el siglo XVIII, a pesar de que siempre se diga que esto no sucedió hasta un siglo más tarde. Sin embargo, las circunstancias consiguieron que, en el momento de su publicación, estos trabajos no resultasen tan novedosos u originales como habían sido concebidos en un estado inicial.
El estudio de las ruinas basado en la reconstrucción arquitectónica a partir de los restos conservados supuso la introducción de los ideales historicistas en España. Esta corriente llevaría al país a enfatizar sus trabajos acerca de al-Ándalus y sus monumentos, más por lo que representaron que por lo que fueron; esto es, el culmen de la arquitectura arábigo-hispánica, que recogía un sentimiento nacional generalizado. En un siglo en el que todos los países europeos, impulsados por los vientos del Romanticismo, buscaban en la Edad Media sus raíces y orígenes, España se encontró con el mundo islámico, que apareció para dar respuesta a ciertas preguntas relativas al origen del país, especialmente en clave de patrimonio artístico.

Arquitectura «mozárabe»
La primera vez que se hace referencia en la historiografía moderna a esta arquitectura, digamos, «diferente», es a finales del siglo XVIII, de la mano de Eugenio de Llaguno y Amírola,  que desde luego advirtió una fusión de elementos cristianos e islámicos, pero utilizó la denominación «mozárabe» para definirlos. Solo hablar del término «mozárabe» llevaría una o más tesis, porque también tiene su complicación, de manera que obviaremos este aspecto por no ser el objetivo principal.
El caso es que este término fue mantenido por diferentes autores a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, como Patricio de la Escosura (1842-1844) o José Caveda (1848). Incluso José María Huet siguió utilizándolo en 1866, después del discurso de Amador de los Ríos en 1859. Es curioso señalar que Luis Fernández-Guerra empleó en 1864 el término «morisco» para referirse a estos mismos edificios.

Arquitectura «mudéjar»
Pero sin duda, el punto clave en la acuñación de este nuevo estilo artístico es el discurso pronunciado por Amador de los Ríos en su ingreso a la Academia de Bellas Artes, en 1859, que de hecho tituló de esta manera: El arte mudéjar en la arquitectura. De los Ríos pretendía catalogar dentro de este término aquellos edificios con decoración islámica pero que habían sido levantados después de la conquista cristiana.

Amador de los Ríos (1876)

O eso queremos deducir, ya que De los Ríos no proporciona una definición precisa del término, ni una argumentación teórica, ni una categorización de estilo con rasgos formales. Antonio Urquízar, en un artículo que publicaba al respecto en 2010, apuntaba esta falta de interés como significativa. Según el profesor de la UNED, lo que consiguió Amador de los Ríos con su discurso fue una caracterización histórica y cultural, dando por sentado que estos edificios habían sido levantados por alarifes musulmanes para alarifes cristianos. El punto de partida, entonces, fue esta imbricación de arte y civilización.
Dice Urquízar que De los Ríos pretendía: «presentar el mudéjar como el “linaje de la arquitectura” cristiana que reflejaba mejor el espíritu español de la Edad Media». Es decir, el mudéjar era una construcción cristiana con ornamentación árabe.
El impacto de esta nueva denominación es mayor de lo que a veces concebimos. En 1888 ya era una palabra de moda entre los aficionados al árabe de las clases altas, y se usaba con normalidad en los artículos de prensa. Incluso en 1876 aparece como un estilo más en una cartilla de dibujo popular, esta que tenemos en pantalla.


Tratado teórico y práctico de dibujo con aplicación
a las artes y la industria,
M. Borrell (1866)

Aunque la imagen esté fechada en 1866, el volumen al que nos referimos es diez años posterior.  
Estamos hablando de una influencia tal, que el antiguo Museo Arqueológico Nacional, fundado en 1867, tenía una sala para el «arte hispano-mahometano y estilo mudéjar», lo que al mismo tiempo fue una justificación para el programa museográfico. En este aura de «estilo nacional» que se le adjudica, no obstante, no termina de convencer como estilo entre todos los académicos. En las últimas décadas del siglo XIX se desata una polémica en la prensa cultural, debatiendo la conveniencia del uso de la palabra «mudéjar» como categorización estilística, tanto a favor como en contra.


Viñeta de La Ilustración Española y Americana, nº 33, 1872, pp. 520-521


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