16 octubre, 2015

El erotismo de Oriente y los escritos del Cannibal Club (primera parte)

[Nota de la autora: este es un escrito realizado a partir de la comunicación ejecutada en el IV Congreso sobre Arte, Literatura y Cultura Gótica Urbana dentro de la Semana Gótica de Madrid, celebrado del 1 al 3 de octubre de 2015 en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid]




Antes de comenzar esta comunicación es preciso extender un agradecimiento previo a la organización, que consideró esta propuesta de comunicación lo suficientemente interesante como para ser incluida dentro de este IV Congreso sobre Arte, Literatura y Cultura Gótica Urbana. Lo que se propone ahora es un viaje a la atmósfera del siglo XIX en Inglaterra, más concretamente en Londres porque, como seguro los asistentes sabrán, es durante esta centuria donde se produce el llamado «redescubrimiento de Oriente», cuando Europa se da cuenta de que existe todo un mundo más allá de sus fronteras y empiezan los grandes descubrimientos arqueológicos en Egipto, Mesopotamia e India. Además esto lleva aparejado al fenómeno del colonialismo, lo que provocó que esta «moda oriental» u «orientalismo» estuviese presente en todos los ámbitos de estudio y sociedad. Concretamente, esta comunicación se centrará en el interés que ese erotismo oriental produjo en la sociedad victoriana, a raíz del fenómeno de la pornografía.

The Cannibal Club
No se puede hablar de pornografía en el Londres de 1800 sin mencionar a The Cannibal Club, un club de caballeros que fue fundado hacia el año 1863 por Richard Francis Burton —personaje sobre el que volveremos más adelante— y el Dr. James Hunt. Apareció vinculado a The Antropological Society de Londres, y entre sus filas se encontraban algunas de las personalidades más destacadas de la sociedad de aquel momento. Por ejemplo, encontramos a Montock Miles, que era político; a Charles Swinburne, un famoso poeta; o a Charles Bradlaugh, un político autodeclarado ateo —imaginemos por un momento lo que suponía primero ser ateo, y lo siguiente hacerlo público en una sociedad como la victoriana—, que además fue muy conocido por lo radical de su pensamiento y sus ideales.
Pero por lo que realmente fue conocido el Cannibal Club fue por ser el medio de distribución de material pornográfico entre las clases altas de la sociedad. Lisa Sigel, en su libro Governing Pleasures. Pornography and Social Change in England, 1815–1914, explica este fenómeno de comerciar con pornografía de manera encubierta como causa de la rígida moralidad de la sociedad del momento. Se temía que la clase obrera se «corrompiese» si las normas que regulaban lo considerado «obsceno» en ese tiempo no se formulaban y se reforzaban desde las capas sociales más altas. No obstante, solo los bien educados y bien posicionados podían consumir este material sin ser corrompidos, ya que sus mentes habían sido preparadas para recibir su contenido. Es una manera verbal de justificar una acción que estaba clara: se comerciaba con pornografía a espaldas de lo oficial.
Además, este Cannibal Club y sus miembros compartían lo que pasó a conocerse como «gusto por la pornografía ¿exótica?», y las interrogaciones están colocadas a propósito. Desde su discurso interno, los caballeros del Cannibal Club argumentaban que sus preferencias estaban en la antropología, la ciencia, el imperio y la sexualidad, todas entrelazadas en un complejo discurso o forma de pensar, en la que una justificaba a las otras tres y se complementaban entre ellas.
Tengamos en cuenta, antes de proseguir, que la palabra pornografía está ubicada en el contexto histórico del siglo XIX, y sería un error tratar de trasladarla al momento presente, ya que en 1800 tenía sus propias connotaciones y significados, que son los que interesan para esta presentación.
Pero llegados a este punto, es necesario poner algún ejemplo. ¿Qué era considerado pornografía exótica? Por ejemplo, esto (fig. 1). Una mujer blanca, posiblemente de nacionalidad británica, en posturas bastante explícitas con un negro, un africano probablemente. Aquí se muestra un detalle. La mayoría de estas obras no tienen autor conocido, lo cual se hace complicado al rastrearlas. Esta en concreto pertenece a una revista, Bijoux 118, y es un coleccionable de postales. Aquí un detalle (fig. 2).

(Figura 1) Bijoux 118, colección de postales
Autor desconocido, s. XIX

Londres



(Figura 2) Detalle

Otro ejemplo que aquí tenemos nos interesa mucho más (fig. 3).


(Figura 3) Dos hombres masturbándose
Autor desconocido, 1883
Londres


Al margen de lo que se aprecia en la fotografía a simple vista, se pueden deducir varias cosas de ella. Hemos hablado de este redescubrimiento de Oriente y cómo la cultura visual, literaria y social se vio inundada por las imágenes que de las lejanas colonias llegaban, de las noticias arqueológicas y de los nuevos descubrimientos de los llamados «aventureros». Bien, pues esta fotografía es un claro reflejo de cómo no fue únicamente la cultura museológica la que se vio contagiada del creciente orientalismo, sino que también la cultura erótica, de lo sensual y lo sexual. Esta fotografía es una mina de oro en términos antropológicos. Lo que señalaremos de ella es que el personaje de la derecha lleva puesto un fez marroquí, es decir, que va ataviado como un personaje proveniente el norte de África. Sin embargo, el otro joven muestra un turbante —y esto es significativamente interesante— igual al que llevaban los místicos sufíes en el siglo xiv. Ya no se trata de exclusiva recreación en aras del erotismo, aquí hay una investigación, una curiosidad, un afán de conocimiento detrás. ¿Quién se molestaría tanto para tomar una fotografía así, sino tuviese al menos una inquietud?

(Figura 4) Detalle


Andrew C. Long, es su libro Reading Arabia: British Orientalism in the Age of Mass Publication, 1880-1930, escribía:
«Es fácil condenar la actividad de este grupo y este tipo de pornografía como el peor tipo de opresión colonial, y de este modo pasar por alto el complicado vínculo entre el conocimiento, el poder y el deseo».
John Wallen calificaba la actividad del Cannibal Club como «racismo científico», en su conferencia «The Cannibal Club and the Origins of 19th Century Racism and Pornography». En realidad se trataba de un grupo profundamente ambiguo, ya que mientras su fundador, el Dr. Hunt, expresaba abiertamente la superioridad de la raza blanca sobre las demás debido a una cuestión biológica, sus miembros se manifestaron en contra de la cristianización de las colonias africanas, argumentando que la intrusión del cristianismo de esa manera no era la apropiada antropológicamente hablando; el Islam les parecía una mucho mejor opción.
Al final, esta tolerancia moderna, podríamos decir, creó entonces un espacio perfecto para esta pornografía exótica y por supuesto privada. Pero detrás del velo pornográfico crecía un interés científico, ya que miembros del Cannibal Club tuvieron especial interés en analizar las prácticas sexuales de los habitantes de las colonias, especialmente en la India. Wallen lo calificaba como voyeurismo científico. Voyeurismo, como recordatorio, se conoce al hecho de obtener placer en la contemplación de objetos o actos sexuales, especialmente si es en secreto. A lo largo de todo el siglo XIX florecieron en Europa los clubes en los que se pagaba por mirar, a través de un hueco escondido en la pared, lo que hacían otras personas.
Para los miembros del Cannibal Club, la represión sexual a la que la sociedad victoriana estaba sometida suponía una crisis nacional. Entonces, cabe preguntarse, ¿toda la actividad de este club de caballeros podía etiquetarse como pornografía? ¿O se trataría más bien de una fusión entre antropología y sexualidad? Además los integrantes se cuestionaban mucho la idea de «civilización», como más adelante comentaremos con el personaje de Burton. Siguiendo el postulado de Kennedy y Sigel, podemos afirmar que en el Cannibal Club se creó un espacio donde racismo y sexualidad pudieran ser discutidos y debatidos de un modo confidencial entre los personajes más destacados de la época.
Fue disuelto en algún momento de 1869, y esto es muy importante, ya que el trabajo que Burton pretendía realizar a través de los fondos del club no le fue posible, y tuvo que ingeniárselas de otra manera.

The Obscene Publications Act, 1857
Uno de los motivos que llevó al cierre del Cannibal Club y a la aparición de otras actividades clandestinas fue la aprobación de The Obscene Publications Act, en 1857, que tenía la intención de «dirigirse únicamente a trabajos escritos con el único propósito de corromper la moral de la juventud», «escritos de “naturaleza calculada” para sacudir los sentimientos comunes de decencia en cualquier mente bien construida». Es decir, una ley de censura.
Su aprobación no dejó a nadie indiferente, ya que hasta la fecha solo podían ser amonestados los escritores, pero a partir de 1857 también los editores podían ir a prisión, por colaborar en la realización de los trabajos. Se produjo la destrucción de libros, todo en aras de «salvaguardar la moral» y «proteger la decencia». Comerciar con pornografía se equiparó a un crimen tal como la venta de arsénico, uno de los venenos más mortíferos de la época.
Como la calificaría Richard Burton, en esto consistía «la vida carcelaria de la civilizada Europa».

[Para leer la segunda parte, click aquí]

BIBLIOGRAFÍA
KENNEDY, D.: The Highly Civilized Man: Richard Burton and the Victorian World. Harvard University Press, 2009.
LONG, A. C.: Reading Arabia: British Orientalism in the Age of Mass Publication, 1880-1930. Syracuse University Press, 2014.
SIGEL, L.: Governing Pleasures. Pornography and Social Change in England, 1815–1914. New Brunswick, Rutgers University Press, 2002.
WALLEN, J.: «The Cannibal Club and the Origins of 19th Century Racism and Pornography», University of Nizwa. Conference Paper Presented at CETAPS Dickens and His Time, Lisbon (June 2012). Date of Publication: August, 2013. Issue: Volume 1, Number 1.



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