16 julio, 2015

Eskandar, Alejandro Magno en Persia

Muchos se sorprenderían —y puede que hasta se escandalizaran— al saber que uno de los máximos exponentes del «triunfo griego», el gran conquistador Alejandro Magno, tenía mucho más en común con los persas a los que conquistó que con los griegos con los que normalmente se le asocia. «Eskandar» o  «Iskandar» sería el modo correcto de referirnos a Alejandro Magno si estuviésemos hablando en pahlavi, en persa medio.
La visión occidental de Alejandro Magno lo establece a menudo como «el primer cruzado» que combatió la «ignorancia de Oriente» e introdujo en él la «luz griega» que Occidente ha tenido, por descontado, a lo largo de la Historia[1]. Esto no podría ser más erróneo, como escribe el profesor Ali Ansari,  ya que los persas no estaba en el mundo simplemente para que Alejandro los conquistara. La influencia de la lengua y literatura helenas han ayudado a mantener este tópico, esta verdad a medias, que retrata al líder macedonio como aquel que civilizó las tierras de Fārs[2].
Pero lejos de ser una fosa de oscuridad, Persia era una pieza muy interesante que anexionar al gran imperio de Alejandro Magno. Su admiración por la cultura y las formas persas llegaban hasta tal punto que lo que hizo fue cubrirse con el manto del Rey de Reyes que habían vestido antes Darío y Xerxes. Y la admiración helenística hacia Persia, escribe Ansari, venía de muy atrás en el tiempo. Xenophonte, el general y escritor ateniense, escribió un panegírico a Ciro el Grande, la Cyropaedia, admirando su potente personalidad y ensalzando sus dotes de mando, para dirigir sin problemas un territorio tan vasto como el que controlaba[3].

Cyropaedia, edición de 1817 de Thomas Hutchinson

A pesar de que tiene su importante lugar en la literatura y la historia de Persia, Alejandro Magno es notablemente recordado por su brutalidad y despreocupación en la invasión y destrucción de Persépolis. Especialmente el sacerdocio mazdeísta o zoroástrico se llevó la peor parte, según Ansari, ya que los templos fueron destruidos y los lugares sagrados, reducidos a cenizas. No obstante, bien es cierto que cuando Alejandro llegó a Pasargada lamentó aquel despliegue de violencia y ordenó el inicio de obras de reparación, como bien hiciera Xerxes años antes, cuando prendió fuego a la Acrópolis y destruyó Atenas[4].

Panorámica actual de Persépolis

Como comentábamos antes, Alejandro Magno tiene un importante y extendido papel en la literatura persa. Además del peso derivado de la propia conquista, existe el que la marea del intercambio entre civilizaciones fue arrastrando y sedimentando. William L. Hanaway, en su entrada sobre el Eskandar-nāmeh de la Encyclopaedia Iranica, destaca varios aspectos importantes en este proceso cultural. Atribuido a un tal Pseudo-Calístenes, se escribió en Grecia un relato a caballo entre la leyenda y la verdad sobre la vida y los logros de Alejandro. Este texto se tradujo al latín alrededor del siglo IV, y según Hanaway en este momento también apareció una versión al siriaco. Cómo esta versión llegó a manos de los persas, es algo incierto todavía. Quizá existiese una versión en pahlavi que ahora está perdida, como sostiene Theodor Nöldeke, pero esta tesis está muy discutida[5].
Existen, escribe Hanaway, dos actitudes hacia Alejandro en la tradición literaria persa: las que han llegado a través de esta traducción del Pseudo-Calístenes lo mantienen como un héroe y un sabio, con una visión muy positiva. Sin embargo, las fuentes en pahlavi que quedan ofrecen un lado mucho más oscuro del personaje histórico, señalándolo como un gujastak, un «demonio maldito», y comparándolo con Żaḥḥāk y Afrāsīāb, dentro de los peores enemigos de la tierra de Irán[6].
Sin embargo, es verdad que probablemente por influencia sasánida la versión que finalmente se mantuvo fue la que retrataba a Alejandro como un gran líder. Estos escritos fueron la inspiración para muchos otros en la Edad Media de Persia. Según Haila Mantegui, de University of Exeter, las fuentes literarias sobre Eskandar pueden dividirse en dos grupos: los escritos en poesía, donde encontraríamos el Šāh-nāmeh de Ferdowsī y el Iskandar-nāmeh de Neẓāmī Ganjavī, y los escritos en prosa, como el anónimo Iskandar-nāmeh-ye Manthūr[7].

Eskandar y el Árbol Parlante. Del Gran Šāh-nāmeh Mongol o Šāh-nāmeh de Demotte.
Tabriz, ca. 1330-40. Freer Gallery, Washintong.


BIBLIOGRAFÍA
Ansari: A.: «Alexander the not so Great: History through Persian eyes», BBC News Magazine, julio 2012. Recurso disponible online.
Hanaway, W.: «Eskandar-nāma», Encyclopædia Iranica. Nueva York, edición digital, 1998.
De Fouchecóur, C.H.: «Iran VIII: Persian Literature (2) Classical», Encyclopædia Iranica. Nueva York, edición digital, 2006.
Manteghi, H. «Alexander the Great in the Shāhnāmeh of Ferdowsī», en Sttoneman, R.; Erickson, K.; Netto, I. (eds): The Alexander Romance in Persia and the East, Groningen University Library, 2012, pp. 161-174.





[1] Ansari, A. (op. cit.), p. 2.
[2] Ibid.
[3] Ibid., p. 3.
[4] En clave humorística y desenfadada, hablamos de este episodio de la historia colaborando con nuestros compañeros de Ad Absurdum. Podéis leerlo aquí.
[5] HANAWAY, W., (op. cit.), p. 2
[6] Ibid.
[7] MANTEGUI, H., (op. cit.), p. 161.

1 comentario: