06 marzo, 2015

Rey de los demonios I: Anzû en el «Lugalbanda»

A la hora de aproximarse a la demonología en Mesopotamia, se plantean ciertos problemas: el primero de todos ellos es que el panteón mesopotámico, tanto sumerio como acadio y babilónico, tiene en su haber cientos de demonios diferentes, entre demonios mayores y menores, espíritus y criaturas malignas. En muchos de los casos se confunden unos con otros, por la proximidad en los nombres o en las características. Además sumamos el inconveniente de que con el cambio de Sumer a Akkad y luego a Babilonia, estos personajes se transforman y adquieren nombres diferentes, aunque siguen siendo la misma criatura.
Teniendo en cuenta el acercamiento desde la Historia del Arte, otro problema es que no quedan apenas representaciones de ellos. La única bien conservada es uno de los relieves del templo de Ninurta en Nimrud, destruido por el fuego en el año 612 aec. El arqueólogo inglés Austen Henry Layard realizó una serie de grabados sobre estos relieves, y hoy en día es la representación de demonio mesopotámico más famosa que queda. Y, posiblemente, la de demonio estándar. Porque todas las fuentes demonológicas aluden a ella para dar la imagen de cualquiera de los monstruos de los que se esté tratando (sin contar algunos de los más famosos, como por ejemplo Pazuzu, que afortunadamente cuenta con iconografía propia y se ha conservado hasta nuestros días). En resumen, no contamos con fuentes iconográficas sobre estas criaturas, tan importantes en Mesopotamia.
Sin embargo, sí contamos con fuentes literarias, que son las que han conservado hasta nuestros días el nombre y la función de muchos de estos demonios. La literatura de Sumer, Acad y Babilonia es el recurso primigenio al que uno debe acercarse para conocer de primera mano (y salvando distancias de traducciones y posibles cambios debido a los milenios que nos separan) a uno de los personajes más temibles y poderosos de todos: el pájaro Anzû.
Grabado de Austen Henry Layard,
Monuments of Nineveh, 2nd Series, 1853

Existen diferentes relatos en los que esta criatura aparece, siempre como rey de los demonios. Lo primero que se tiene que aclarar es que este epíteto de «rey» no alude a una posición sino preeminente de Anzû sobre el resto de monstruos. De hecho, se podría considerar que el panteón demonológico de Mesopotamia tiene muchos «reyes»; por ejemplo, Asag/Asakku es otro de los grandes espíritus malignos, del que quizá hablemos otro día. Pero Anzû o «pájaro Anzû» es desde luego uno de los más importantes.
El mito de esta criatura tiene, como hemos comentado, diferentes versiones, siendo el Lugalbanda la primera de la que hablaremos. Presentar este poema lleva algo más de tiempo, así que si os interesa, os dejamos el enlace al artículo que le dedicamos en exclusiva aquí.
Siguiendo la tesis de Vanstiphout y Cooper, que aúnan las dos partes que se conservan del Lugalbanda en una única obra, encontraríamos a Anzû en la segunda mitad, que ellos llaman «El regreso de Lugalbanda»[1]. Cuando el héroe protagonista consigue sobrevivir a la batalla entre las fuerzas de la Luz y los espíritus de la Oscuridad, se encuentra perdido en la frontera de un paraje inhabitado e inhóspito, una zona de las montañas dominadas por lo que en el poema se nombra como «pájaro del trueno, Anzû/Anzud»[2].
Antes de continuar es necesario incluir una pequeña matización al respecto de este mito. Si bien Anzû es considerado un superior entre los demonios, en el Lugalbanda el papel que juega no es de malvado o enemigo del héroe. Esto es una de las primeras cosas que sorprende de este mito, ya que la fama en general de esta criatura es la de némesis de los grandes dioses, como se recoge en otras historias. En este caso, Anzû no solo resulta ser un demonio benéfico, sino que será fundamental para el desarrollo de Lugalbanda, el héroe protagonista.
Junto a esta idea traemos a colación la revisión que debe hacerse sobre el término «demonio» en la actualidad, ya que no sería correcto observarlo desde un prisma cristiano, tan extendido, y entender que automáticamente un demonio es una criatura nociva o peligrosa. Bien es cierto que el caso de Anzû resulta perfecto para observar esta contraposición, ya que en los dos mitos muestra sus dos caras, el peligro y el auxilio, pero en ningún momento deja de ser un demonio.

El controvertido nombre de Anzû
No se puede empezar una presentación sin un nombre, y el de este rey de los demonios tiene mucha madeja que desenredar. Se trata de unos nombres más controvertidos de la demonología mesopotámica, ya que los especialistas no consiguen ponerse de acuerdo en una explicación.
Vanstiphout y Cooper exponen lo siguiente: está aceptado en consenso general que el nombre escrito en cuneiforme representa los caracteres «IM.DUGUD», que se refieren a «nube cargada», «nube de tormenta». Esto se leería «ANZÛ», que es tal y como los investigadores nos han presentado a la criatura. No obstante, en estos poemas a «IM.DUGUD» se le añade el determinante «MUŠEN», indicando que es un pájaro, lo que daría como resultado «pájaro de la tormenta/del trueno» o «thunderbird» en inglés.
Los caracteres de IM.DUGUD, Anzû

La teoría de estos dos historiadores, después de haber analizado el Lugalbanda, es que lo que los escribas querían evocar con este nombre era precisamente el terrible poder de Anzû como ser capaz de controlar algo tan temible en Mesopotamia como una tormenta, que podía provocar una inundación o incluso un nuevo diluvio. De manera que utilizaron esos caracteres para incorporar la metáfora al nombre del demonio[3].

Lugalbanda y el cachorro
El héroe del poema, al que habíamos dejado en la frontera del montañoso y escarpado reino de Anzû, decide invocar la ayuda de este demonio para poder volver con sus compañeros. Pero cuando alcanza el nido, se encuentra con que ni el macho ni su compañera están allí, y que en su lugar se encuentra el pequeño cachorro de ambos. Entonces Lugalbanda tiene una idea: tratará al cachorro como a un dios y celebrará un festín para él, de manera que pueda ganarse el favor del rey de los demonios.
Es muy interesante repasar todas las cosas que Lugalbanda organiza para el cachorro, ya que es una descripción detallada de los actos considerados más nobles en la Antigua Mesopotamia. Siendo los mitos un reflejo de las cortes terrenales, se pueden encontrar desde ingredientes de cocina hasta otro tipo de regalos, que enumeraremos a continuación.
Lo primero que detalla el poema es lo que el héroe da de comer al cachorro. Haciendo gala de su inteligencia, prepara un festín digno de los dioses. Esto es una muestra de cómo a Anzû se le teme y se le venera como a una divinidad; demoníaca, pero divina. Lugalbanda prepara diferentes pasteles o tartas, que amasa con miel, además de carne salada. Coloca todo esto ante el nido y espera a que el cachorro se acerque. Entonces él mismo lo acaricia y le da de comer. Poco a poco va colocando la carne y los dulces en su boca, para que no se atragante (porque no hay que perder de vista que es una cría).
Después de haber alimentado al pequeño, Lugalbanda lleva a cabo una serie de acciones con las que lo reverencia, lo eleva y lo trata como lo que al fin y al cabo es: el hijo de un dios demonio superior. El héroe le pinta con kohl los ojos al cachorro, le coloca unas gotas de esencia de cedro en la cabeza con ligeros golpecitos y le ofrece un rollo más de carne salada. De esto se pueden deducir varias cosas; la primera de ellas, que perfilarse los ojos con pigmento negro era una actividad reservada a las más altas clases de la sociedad, y que era habitual tanto en hombres como en mujeres. Lo segundo, que el perfume era, como en otras culturas antiguas, una manera de representar superioridad y respeto, ya que uncir la frente con esencias también se practicaba en príncipes y reyes. Lo tercero, que la carne debía de ser un bien escaso y exclusivo, y que probablemente añadirle sal no era sino una manera de ayudar a su conservación.
· El nido
Entre el plan de Lugalbanda y su puesta en práctica se incluye una breve descripción de cómo es el nido de Anzû. Los versos dicen así:
«Y así había un espléndido árbol de águilas de Enki.
En lo alto de una colina de matiz como cornalina[4] de Inana
se levantaba – anclado a la tierra como si fuese una torre
y salvaje como un A.RU.
Su sombra cubría los picos más altos de las tierras altas
como una tela, se esparcía sobre ellas como una túnica extendida.
Sus raíces como serpientes sagkal
reposaban sobre el río de siete desembocaduras del Sol.
[…]
Allí el pájaro Anzû construyó su nido
y crió a sus cachorros.
El nido estaba construido de enebro y boj;
el pájaro había tejido sus ramas brillantes como una sombra enredada.»[5]

Anzû
Después de que el cachorro se duerma, Lugalbanda espera fuera del nido a que el rey de los demonios regrese con su compañera. Es otro detalle digno de señalar, ya que en ningún momento el héroe pone un pie en la casa del dios, lo que puede indicarnos que hacerlo libremente podría ser motivo de terrible deshonor y traer la desgracia para él.
El poema nos describe cómo Anzû está cazando toros salvajes de las montañas (incluso cuenta cómo sujeta con sus garras a uno que vomita bilis), y después da vueltas sobre su nido y llama a su cachorro hasta tres veces, pero no le responde. Espantado de que haya podido ocurrirle algo a su cría, Anzû vuelve a su hogar para encontrarse con que su pequeño está perfectamente, perfumado y honorado, y que ha sido el héroe Lugalbanda el que ha dispuesto todos esos regalos para él.
· El aspecto del demonio
El Lugalbanda no dedica versos específicos a describir qué aspecto tiene Anzû, sino que como es habitual en la literatura de Mesopotamia, esta descripción se encuentra repartida a lo largo de todos los episodios en los que aparece.
Lo primero que podemos decir de Anzû, aunque pueda parecer una simpleza, es que tiene alas y garras. Es decir, que podemos evocar perfectamente la figura de una gigantesca ave de presa, porque para cargar un toro hace falta una gran fuerza. Además, se cuenta que Lugalbanda coloca la comida directamente en el «pico» del cachorro. No obstante, otros versos del poema dicen:
«Al amanecer, cuando Anzû llama,
la tierra de Lulubu se estremece con su grito.
Tiene dientes de tiburón y garras de águila.
De terror ante él los toros se dispersan en pánico,
los venados huyen a las montañas.»[6]

De esto se puede deducir que Anzû podría tener el rostro de una fiera, tal y como encontramos en estas representaciones que según los especialistas estaban mostrando a esta criatura demoníaca
Placa de alabastro votiva de Ur-Nanshe, rey de Lagash.
Anzû aparece representado como un águila con cabeza de león
ca. 2550-2500 AEC (Musée du Louvre, París)

Lugalbanda, al encontrarse cara a cara con el rey de los demonios, camina hacia él dividido entre la alegría y el terror supremo. En su discurso, da otros tantos detalles del aspecto que tiene Anzû:
«Pájaro de ojos relucientes,
nacido en estas tierras[7] (...).
Tu abuelo, príncipe de todo patrimonio,
puso el cielo en tu mano y la tierra a tus pies.
Tus alas desplegadas se extienden como una red en el cielo (…).
Tu columna es recta como la de un escriba.
La visión de tu pecho al volar
es como Niraḫ[8] separando las aguas
Tu espalda es un vergel de palmeras,
quita el aliento atreverse a mirarte.»[9]

Placa de alabastro de Dudu, sacerdote de Ningirsu en Lagash.
Anzû aparece en la esquina izquierda como águila con cabeza de león.
ca. 2400 AEC (Musée du Louvre, París)

· El poder supremo
Ante la visión de su pequeño exultante, Anzû se presenta a sí mismo como hijo de Enlil, cabeza del panteón Sumerio, y da detalles importantes de su ascendencia y de hasta dónde alcanza su poder:
«Yo soy el príncipe que decide el destino de los ríos que corren.
Mantengo el camino recto y claro que sigue el consejo de Enlil.
Mi padre Enlil me trajo aquí.
Me dejó guardar la entrada a las montañas
como una gran puerta.
Si decido un destino, ¿quién se atrevería a alterarlo?
Si digo una palabra, ¿quién se atrevería a cambiarla?
A cualquiera que haya hecho esto,
si eres un dios, hablaré contigo. Incluso seré tu amigo.
Si eres un hombre, sellaré tu destino.
Y no tendrías oponente entre las montañas.
Y serás el ‘héroe engrandecido por Anzû’.»[10]

Más cosas a destacar de estos versos. Lo primero, es que el propio Enlil es el padre de Anzû, esto es, el dios superior engendra al demonio superior, y lo retira a las montañas para que viva allí, en un paraje inhóspito donde su poder no pueda alcanzar a los hombres. Sin embargo, no es que Enlil destierre al Anzû, sino que le proporciona el poder del absolutismo del juicio. Aquello que el demonio decreta es ley, y nada puede cambiarlo. El poder de hacer y deshacer, supremo entre tantos otros poderes de los dioses mesopotámicos. Aquel que solo las más elevadas divinidades poseen.
Además, Anzû es el encargado de las Tierras Altas en las que vive, ya que decidir el destino de los ríos que corren, además de ser una muestra del control absoluto que ejerce sobre la tierra que gobierna, es también una metáfora con las vidas de otros, y sobre la capacidad de modificarlas, alargarlas o eliminarlas.

El regalo de Anzû
Lugalbanda se arrodilla ante Anzû y le dice que si ha llegado hasta sus tierras y sobrevivido ha sido solo gracias a que él lo ha querido así. De manera que desde ese momento se encomendó a él. Su compañera será su madre, sus cachorros serán sus hermanos. El héroe baja la cabeza y deja que el rey de los demonios elija su destino. Evidentemente, Anzû no reacciona sino con gratitud ante la actitud que el inteligente protagonista ha tenido con su cría, y lo tienta con regalos de poder, riquezas, bienes y tierras fértiles para plantar un auténtico paraíso.
Pero Lugalbanda rechaza todos estos presentes y lo único que le pide a Anzû es la velocidad, la velocidad con que él vuela. Así podrá regresar a la ciudad sitiada de Aratta y reunirse con sus compañeros a tiempo.
Y el rey de los demonios no solo le concede su deseo, sino que al mismo tiempo que él recorre la distancia desde el cielo, Lugalbanda corre bajo su sombra. Y las montañas más escapadas se allanan a su paso, los ríos se secan y la tierra se doblega ante las órdenes de Anzû para que el héroe pueda cumplir con su destino, protegido bajo las alas del poderoso rey demonio.

Bibliografía
The Electronic Corpus of Sumerian Literature. Faculty of Oriental Studies, University of Oxford. Recurso online.
VANSTIPHOUT, H. L. J. y  COOPER, J. S.: Epics of Sumerian Kings: The Matter of Aratta. Society of Biblical Lit, 2003.





[1] Vanstiphout y Cooper, op. cit., p. 97.
[2] Ibid., p. 132.
[3] Ibid., p. 174.
[4] La cornalina es una variedad de la calcedonia de un intenso color rojo, color asociado a los demonios en Mesopotamia
[5] Traducciones realizadas por la autora a través del ECSL y la versión de Vanstiphout y Cooper, p. 137-139.
[6] Ibid, p. 141.
[7] Una creencia primigenia en Sumer es que los grandes dioses y los grandes demonios emergieron de las montañas.
[8] Niraḫ es el dios-serpiente, ministro del dios Ištaran, el dios de la justicia de la ciudad de Der. Lo que el Lugalbanda quiere decir comparando el vuelo de Anzû con Niraḫ es que el demonio es rápido y directo.
[9] Traducciones realizadas por la autora a través del ECSL y la versión de Vanstiphout y Cooper, p. 142.
[10] Ibid, p. 141-142.

3 comentarios:

  1. me encanta! qué entrada más buena y más inspiradora para un escritor de fantasía, como es mi caso jeje Me viene de perlas para una serie de relatos que empecé hace un tiempo, ambientados en Sumeria! UN saludo y gracias por este post!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, José Antonio. Nos alegramos mucho de que te haya gustado e inspirado a partes iguales.

      ¡Recuerdos desde Hom!

      Eliminar
  2. Me ha encantado esta entrada y seguiré echando vistazos por el resto. ¡Y con bibliografía y todo! Mil gracias por compartir y por escribir sobre mitología de forma tan amena e interesante.

    ¡Un saludo!

    Atte. Rika~

    ResponderEliminar